Muchas cosas en la vida nos generan incertidumbre, de hecho la incertidumbre es una de las sensaciones más incómodas que podemos albergar como seres humanos porque implica en sí misma indecisión, duda y estas emociones no son precisamente el ideal que tenemos las personas puesto que van en contravía de lo seguro o el estado de tranquilidad que prefiere nuestro cerebro.

Hemos escuchado constantemente desde la neurociencia que nuestro cerebro gasta demasiada energía vital y por ello busca siempre la manera de rodearse de información y elementos que lo lleven a tener control o por lo menos no caer en sentimientos de temor o incertidumbre.

En nuestra disciplina del Coaching tenemos como común denominador este tipo de situaciones. Si hay algo que genere malestar en el individuo y lo lleve a situaciones de estrés o desasosiego, es precisamente el no tener control de las situaciones o los resultados de sus acciones en su diario vivir. Gran parte de los esfuerzos del Coach se centran en lograr que el cliente se mueva a estados de tranquilidad que son producidos por tener una ruta de acción o claridad en los resultados de su gestión.

Bien lo dijo Albert Einstein: “No podemos resolver nuestros problemas con el mismo pensamiento que usamos cuando los creamos”. Por ello un Coach utiliza todos los medios que tiene a su alcance para lograr allanar estas dudas y sensación de inseguridad provocada por la incertidumbre. Si revisamos un coach se faculta con herramientas y estilos de conversación que produce resultados con la intención de llevar al cliente a un nivel de conciencia diferente o como le que llamamos en el argot del coaching: a “expandir su observador” de forma que aborde otras formas de solución que desde el estado de pensamiento habitual, le hubiera sido muy difícil llegar.

Muchos coaches insisten en proponer soluciones y omitimos el hecho de que nuestro cliente es el único experto autorizado para llegar a las mejores alternativas de solución, que siempre con el problema trae una cantidad de interrogantes y posibilidades que si bien le asustan o no le generan comodidad, muchas veces contienen en sí mismas las semillas de la solución. Muchas veces lo único que necesita nuestro cliente es poner en perspectiva las cosas, mirarlos de manera más objetiva y sin el apasionamiento de las emociones, de forma que pueda sopesar con una actitud más madura esas alternativas y mirar lo que tienen de beneficiosas o no.

Finalmente existe un sentimiento de corresponsabilidad con la situación de nuestro coachee, por lo que no podemos aislarnos del resultado, nuestro sentido de solidaridad con respecto a esa persona que pone su confianza en nosotros no nos puede permitir llegar hasta la sola escogencia de una alternativa, debemos cerciorarnos que esa alternativa realmente genere paz, tenga completo sentido para nuestro cliente y sobre todo que de alguna forma le de la seguridad de avanzar hacia un buen fin. E allí que después de escoger la alternativa u opción para trabajar, debemos terminar de puntualizar las consecuencias, la emocionalidad que genera en nuestro cliente y que revise a su alrededor si esa alternativa le hace bien no solo a él, sino a las personas que le rodean.

Por: YURI ELÍAS CAMACHO

 

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